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miércoles, 28 de enero de 2009

Francisco Rubia: las neurociencias han superado el dualismo cerebro-mente

El sustrato neurobiológico de la consciencia transformará la imagen que tenemos de nosotros mismos

tendencias21.net

Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Entre otros cargos, ha sido Director General de Investigación de la Comunidad de Madrid. Su especialidad es la Fisiología del Sistema Nervioso, campo en el que ha trabajado durante más de 40 años, con más de doscientas publicaciones. Es asimismo autor de libros como “Manual de Neurociencia”, “La Conexión Divina” o “El cerebro nos engaña”, así como editor del blog Neurociencias de Tendencias21. En la siguiente entrevista exclusiva, Rubia explica que el hallazgo más importante en el campo de la neurociencia ha sido el de la superación del dualismo cerebro-mente. Por otro lado, señala que hoy conocemos también el papel del hipocampo en la memoria, que el cerebro no es una tabla rasa, sino que nace ya con conocimientos adquiridos; y que las enfermedades antes llamadas “anímicas” tienen un sustrato neurobiológico. Para Rubia, será la búsqueda del sustrato neurobiológico de la conciencia lo que transformará la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Por Yaiza Martínez.

¿Cuál diría usted que es el descubrimiento más importante que se ha hecho acerca del cerebro en los últimos tiempos? ¿Está el ser humano más cerca de conocer sus secretos?

Más que un descubrimiento aislado, considero que lo más importante que ha ocurrido en el campo de la neurociencia es la superación del dualismo cerebro-mente – o cuerpo-alma –, lo que ha permitido que con métodos científico-naturales se traten temas que tradicionalmente pertenecían a la teología o filosofía, como la realidad exterior, el yo, la libertad o la espiritualidad. Esta última, es decir el hecho de que la estimulación cerebral produzca experiencias espirituales, religiosas o de trascendencia, es quizá el tema que va a tener un mayor desarrollo futuro. Todas estas cuestiones tienen una enorme importancia, porque van a cambiar la imagen que el ser humano tiene del mundo y de sí mismo. En respuesta a la segunda cuestión hay que decir que el ser humano, gracias a la ciencia, está cada vez más cerca de conocer sus secretos. A diferencia de otras actividades humanas, en la ciencia el conocimiento es cumulativo, de forma que su actividad, que crece cada vez más rápidamente, hace que nos acerquemos más y más al conocimiento del mundo que nos rodea y de nuestro cerebro, que, en parte, es generador de ese mundo.

En su libro "El cerebro nos engaña" señala que el cerebro se ocupa, principalmente, de garantizar nuestra supervivencia. Para ello, utiliza recursos diversos, ¿cuáles son esos recursos?

Es evidente que el órgano maestro de nuestro organismo, el cerebro, tiene como función garantizar el buen funcionamiento de los demás órganos y la supervivencia de todo el organismo, protegiéndole de las posibles amenazas del entorno. Todo esto ocurre de manera inconsciente y, dentro del cerebro, las estructuras responsables son el sistema límbico – llamado también cerebro emocional – con el hipotálamo, que algunos autores consideran parte del sistema límbico, una estructura que ha sido descrita como el ganglio supremo del sistema nervioso vegetativo o autónomo, que controla nuestras vísceras y las funciones vitales más importantes. Por eso, en situaciones de emergencia no nos ponemos a elucubrar los pros y contras de una decisión, es decir, no utilizamos la consciencia y las funciones intelectivas, sino que, automática e inconscientemente, el organismo responde para evitar los posibles peligros.

Suelo poner el ejemplo de un cazador que se encuentra en la India y que ve tras un arbusto una especie de cuerda anaranjada con tiras negras. El cerebro, con su memoria y capacidad imaginativa, recrea en la mente de ese cazador la figura de un tigre, por lo que escapa a una muerte probable. Si lo observado es una cuerda, el cerebro lo ha engañado, pero en beneficio de su supervivencia.

¿Estarían la experiencia mística o religiosa entre los recursos para la supervivencia que el cerebro nos suministra?

Desde un punto de vista evolutivo es pertinente preguntarse por el valor de supervivencia de las funciones cerebrales, aunque también hay científicos que opinan que algunas estructuras y funciones pueden ser productos secundarios de otras funciones y que, por tanto, no son resultado de la selección natural. Por ejemplo, el biólogo de Harvard, Stephen Jay Gould, a estos productos accesorios los llamaba ‘spandrels’, que en arquitectura son los triángulos curvilíneos que se forman entre dos arcos, también llamados en español ‘pechinas’ o ‘enjutas’. Uno de los autores que han estudiado experimentalmente estas experiencias supone que las experiencias religiosas son un producto accesorio del desarrollo de la sexualidad en el hombre. A favor de esta hipótesis está la proximidad anatómica de estructuras que sustentan la sexualidad en el cerebro y las connotaciones sexuales de algunas de estas experiencias. Para Richard Dawkins sería un producto accesorio de la tendencia infantil a creer lo que los padres le dicen a los niños. Ahora bien, si las experiencias místicas han sido productos propiamente dichos de la selección natural y, por lo tanto, han sido seleccionadas a lo largo de la evolución, entonces tienen que tener un valor de supervivencia que, hoy por hoy, aún no conocemos. Es el mismo problema con la poesía, la música y el arte. En cualquier caso, se ha especulado que el valor de supervivencia de estas experiencias estaría en la superación de la ansiedad y el miedo a la muerte al conectar con algo que se percibe tanto eterno como fuera de nosotros mismos. Otros autores piensan que estas experiencias aumentan la salud tanto física como psicológica de los individuos, ya que es conocido que son capaces de alterar positivamente la conducta.

Acerca de la memoria, ¿cómo alcanza a explicar la neurobiología el fenómeno de la creación de recuerdos, de su recreación o de su aplicación en otros períodos de tiempo? ¿Existe una región específica del cerebro que albergue dichos recuerdos?

A mediados del siglo pasado un paciente que sufría de epilepsia intratable por medicamentos fue operado. Para eliminar el foco epiléptico, el cirujano le extirpó la región medial de ambos lóbulos temporales, incluyendo dos estructuras que pertenecen al sistema límbico: el hipocampo y la amígdala de ambos lados. El resultado fue desastroso. El paciente, conocido como H.M. sufrió lo que se conoce como amnesia anterógrada, es decir, una hora aproximadamente después de experimentar algún suceso, lo olvidaba totalmente, de manera que cuando el médico le decía que un tío al que él quería mucho había muerto, lloraba; pero al día siguiente, si el médico le daba de nuevo la noticia, lloraba de nuevo porque había olvidado todo lo experimentado el día anterior. Este enfermo revolucionó los conocimientos que se tenían sobre la memoria por varias razones. Primero, porque permitió localizar la memoria episódica en el hipocampo y también concluir que el paso de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo era función de esta estructura. En segundo lugar, porque mostró por vez primera que no había una sola memoria, ya que la memoria operativa o motora, también llamada memoria de procedimiento, la que nos permite conservar lo aprendido con el sistema motor, no estaba localizada en el hipocampo, ya que el paciente la conservaba de un día para otro. Hoy se supone que el hipocampo es responsable de la distribución de los contenidos de memoria a las diversas regiones de la corteza según las modalidades sensoriales.

También sabemos hoy que el hipocampo nos permite la memoria espacial, es decir, la que necesitan muchos animales para encontrar las fuentes de alimentos, los alimentos escondidos, los posibles compañeros sexuales o los predadores. Este tipo de memoria la compartimos con muchos otros mamíferos. Desde que sabemos que existe neurogénesis en el hipocampo, es decir, formación de nuevas neuronas, se analizó el tamaño del hipocampo en taxistas londinenses, pudiéndose constatar que era mayor que el hipocampo de otros ciudadanos de esa ciudad. Probablemente, la necesidad de orientarse en Londres hizo que esa estructura, responsable de la memoria espacial, aumentase de tamaño. También sabemos que en la corteza del lóbulo temporal almacenamos información que es inconsciente. Sabemos que la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo se almacenan en distintos sitios, estando esta última ligada a la corteza cerebral.

Es importante saber que en el proceso de percepción, el cerebro consulta los conocimientos adquiridos previamente y depositados en la memoria a largo plazo antes de tomar una decisión y que todo este proceso es inconsciente. El almacenamiento depende de la carga emocional que tienen los sucesos. La memoria se ha dividido también en memoria explícita o declarativa y memoria implícita o de procedimiento. Esta última es inconsciente y para formar hábitos se requieren los ganglios basales, así como la formación de habilidades motoras depende del cerebelo. La memoria a largo plazo requiere la síntesis de proteínas.

¿Qué opina de las ideas del neurólogo Karl Pribram, que señala que el cerebro es un holograma porque nuestros recuerdos no son almacenados en las neuronas, o en pequeños grupos de neuronas, sino en los esquemas de los impulsos nerviosos que se entrecruzan por todo el cerebro?

Hasta ahora nadie ha podido comprobar esa hipótesis. Ahora bien, si los recuerdos no se almacenan en las neuronas, entonces ¿dónde? Lo que es posible es que sea en redes neuronales más que en células aisladas. Pero parece improbable que de cada neurona se pueda reproducir todo un contenido mnésico.

Usted escribe en su blog Neurociencias de Tendencias21 que uno de los conocimientos adquiridos en los últimos veinte años es que el ser humano tiene un sentido innato del número. ¿Qué otros conocimientos innatos nos han sido legados con nuestro cerebro?

El psicólogo norteamericano William James ya dijo en el siglo XIX que si los animales venían al mundo provistos de facultades innatas que servían para adaptarse a su entorno, el ser humano tendría que tener no menos o ninguna, sino muchas más facultades. Nacemos con facultades entre las que se encuentra un sentido del número, un conocimiento que sabe discernir entre lo animado y lo inanimado, un reconocimiento de caras de la propia especie, una gramática universal y, muy probablemente, otras facultades que aún no conocemos. Es de esperar que el conocimiento pormenorizado del genoma humano descubra más en el futuro. A mí me gusta decir que es también probable que el ser humano nazca con una visión dualista del mundo y con un principio que he llamado “arqueteleológico”, lo que quiere decir que tenemos la tendencia, probablemente innata, a buscar en todo lo que experimentamos un principio y un fin.

Usted publicó el libro "El sexo del cerebro. La diferencia fundamental entre hombres y mujeres" ¿En qué consisten, a grandes rasgos, estas diferencias?

La psicóloga canadiense Doreen Kimura asume que estas diferencias vienen dadas por la división de trabajo que existe no sólo en el ser humano, sino también en otros animales que nos han precedido en la escala filogenética. Esta división de trabajo procede de la mayor fortaleza del varón y su mejor disposición para la caza, por lo que el hombre suele ser, por término medio, mejor en tareas visuo-espaciales y en arrojar objetos a dianas. La mujer es superior al varón en fluidez verbal (está demostrado que el lenguaje está más bilateralizado que en el hombre), en empatía y reconocimiento del lenguaje no verbal, probablemente por la necesidad de saber lo que el bebé quiere y en habilidad manual, funciones todas necesarias al quedar con otras mujeres en los asentamientos y procurar la cría de la descendencia y la recolección de alimentos. Me parece una hipótesis muy plausible. Por cierto, la división de trabajo se encuentra también en otros animales.

¿Es el libre albedrío una ilusión del cerebro?

Así parece por los experimentos realizados a finales del siglo pasado. Resumiendo estos experimentos se puede decir que comprueban que el cerebro se activa cuando va a tomar una decisión mucho antes de que el individuo tenga consciencia de esa toma de decisión. Con otras palabras, existe una actividad inconsciente cerebral previa a la consciencia de la decisión, lo que implica que ésta es consecuencia y no causa de la actividad cerebral. Estos experimentos han sido repetidos en varios laboratorios, el más reciente en este año con un resultado sorprendente: la actividad de la corteza prefrontal comienza nada menos que 10 segundos antes de tomar una decisión consciente.

Se trabaja intensamente en la modelización de algunas funciones cerebrales, con la finalidad de replicarlas en máquinas. ¿Considera posible este objetivo? ¿Es replicable el cerebro humano?

En ciencia no se puede decir nunca “nunca jamás”. Algunas facultades ya han sido replicadas. La principal diferencia es que el cerebro no es lógico y que la máquina no posee emociones. Pero se está tratando de conseguir máquinas con estas características. La cuestión más importante es la discusión de si una vez conseguida una complejidad similar a la del cerebro va a surgir consciencia o no en esa máquina. En principio, si no se es dualista, habría que esperar que un nivel determinado y similar de complejidad posea también las mismas facultades que el cerebro humano.

Algunos científicos plantean que la base de la persona, la consciencia de sí mismo, los recuerdos, las creencias, podrán en el futuro ser transferibles a un cerebro artificial para prolongar la vida más allá de las limitaciones biológicas. ¿Cree que esta transferencia es posible, desde el punto de vista de las neurociencias?

En la respuesta anterior ya he dicho que es difícil decir “no”. Posibilidades actuales eran inimaginables hace pocos años. Aparte de la creación de máquinas ‘inteligentes’ se está trabajando en la interacción hombre-máquina que ya ha empezado a dar sus frutos.

Recientemente, publicamos en Tendencias21 que un equipo internacional de investigadores ha conseguido, por primera vez, producir un mapa completo en alta resolución de las interconexiones entre los millones de neuronas de la corteza cerebral. En él, se ha distinguido una trama fibrosa densamente conectada, una especie de núcleo de red, que actuaría como regulador del tráfico neuronal. ¿Cree que ése sería un buen sitio para empezar a buscar el alojamiento de nuestra consciencia en el cerebro? De no ser así, ¿en qué parte del cerebro estaría la consciencia, según su opinión?

Una de las cuestiones más estudiadas hoy en neurociencia es la búsqueda de la localización de la consciencia o, mejor, saber qué estructuras son imprescindibles para producir consciencia. La actividad de la corteza cerebral no toda es consciente, de manera que no conocemos aún esas estructuras. Parece ser que sin corteza cerebral no hay consciencia, pero eso es cierto también de la formación reticular, una estructura del tronco del encéfalo imprescindible para mantener el nivel de alerta de la corteza. El descubrimiento que en el sistema visual las diversas características, como el color, la forma o el movimiento, se almacenan en sitios diferentes de la corteza visual, planteó el problema de la ‘unión’ de todas esas estructuras para generar la imagen completa que percibimos. Se supone hoy que esta unión se consigue con la actividad conjunta de redes neuronales y es posible que la trama encontrada recientemente responda a esa necesidad.

¿Qué relación existe entre la anatomía del cerebro y algunos desórdenes mentales, como la depresión? ¿Afectaría la genética a nuestros estados de ánimo, al determinar ciertas características del cerebro?

Las enfermedades mentales, que antes se llamaban ‘anímicas’, hoy se consideran sin duda que tienen una base neurobiológica cerebral. Todas ellas tienen un componente genético, pero también existen factores desencadenantes que pueden ser biológicos y psicosociales. La implicación de los neurotransmisores cerebrales está fuera de duda, como se demuestra por los fármacos que sirven para paliar los síntomas.

¿Qué procesos cerebrales dan lugar a las alucinaciones, como las del síndrome del miembro fantasma o las del síndrome de Charles Bonnet? ¿Son dichos procesos similares a los de la percepción de lo real?

La hipótesis más plausible es la existencia de dos flujos de información sensorial, uno centrífugo y otro centrípeto. Cuando uno falta o se debilita, aumenta el otro. Así se puede explicar el fenómeno de la falta de flujo centrípeto en la privación sensorial, a la que se han sometido tantos anacoretas y eremitas, con la consecuencia de sufrir alucinaciones producidas por el propio cerebro (flujo centrífugo). El cerebro está hecho para procesar información y si le falta, la genera él mismo. A diferencia de lo que ocurre en la esquizofrenia, en el síndrome de Charles Bonnet el enfermo sabe que las alucinaciones no son reales, aunque se ha comprobado que activan las mismas áreas cerebrales que son activadas con las percepciones normales.

Usted señala que es falso el mito de la ‘tábula rasa’ (la idea de que el ser humano recién nacido es como una tablilla de cera en la que nada hay escrito), porque “el origen de nuestra funciones cognitivas estaría en animales anteriores en la escala filogenética”. ¿Se puede rastrear y conocer ese origen? Y, ¿qué características fisiológicas de nuestro cerebro marcan la diferencia con respecto al cerebro de dichos animales?

El que acuñó el término “estructuras ratiomorfas”, es decir, estructuras precursoras de la razón, fue el etólogo alemán Konrad Lorenz, que, en lógica evolutiva, pensaba que los animales que nos han precedido en la escala filogenético tendrían que poseer al menos rudimentos de nuestras facultades mentales. Tradicionalmente, y gracias al orgullo humano y a las enseñanzas religiosas, se ha pensado que nos diferenciamos totalmente del resto de los animales, lo que es difícil de compaginar con el proceso evolutivo. Pero, entretanto, se han encontrado algunas facultades precursoras de las nuestras en animales que están cerca de nosotros, como los chimpancés, los delfines y las ballenas. Estos animales se reconocen en el espejo lo que da lugar a pensar que tienen autoconsciencia. Últimamente también se ha mostrado que los elefantes la poseen. No hay que olvidar que los chimpancés poseen también la capacidad de aprender un lenguaje de signos que no llega a la gramática sintáctica que nosotros poseemos, pero que representan un rudimento de lenguaje. Y asimismo se ha mostrado que animales que viven en sociedad, como los chimpancés y bonobos, también poseen rudimentos de conducta moral parecida a la nuestra. Nada de esto nos debe llamar la atención si consideramos que no se han encontrado células nuevas en el cerebro del hombre que lo diferencie de los cerebros más evolucionados de animales cercanos filogenéticamente. Las diferencias son sólo cuantitativas.

¿Hacia dónde se dirigen actualmente las investigaciones acerca del cerebro, y qué cabe esperar de ellas a corto plazo?

Como he dicho anteriormente, la búsqueda del sustrato neurobiológico de la consciencia es algo que preocupa sobremanera a los neurocientíficos. Supongo que los hallazgos que se refieren a los sustratos neurobiológicos de funciones mentales transformarán, como expresé antes, la imagen que el ser humano tiene de sí mismo y del mundo. Pensemos lo que puede significar el hecho de que se confirme una y otra vez que el cerebro, como materia que es, esté sometido, como el resto del universo, a las leyes deterministas que rigen a éste. Y consideremos lo que esto puede significar para los conceptos de culpa, imputabilidad, responsabilidad, pecado, etc. Pienso que el hallazgo de estructuras cerebrales que generan espiritualidad da al traste con el dualismo. Falta saber su importancia para la supervivencia y si esta espiritualidad tiene que ver con el origen de las religiones.

En el terreno de la medicina curativa, los avances en el conocimiento del genoma y la terapia génica jugarán un papel importante en la curación de enfermedades degenerativas como la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson, y muchas otras.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Explicación científica de los déjà-vu

Los déjà-vu se deberían, según científicos del MIT, a una anomalía en el funcionamiento del cerebro, concretamente en una región del hipocampo. Más información en tendencias21.net.

jueves, 30 de octubre de 2008

Albert Bandura: la crítica al conductismo

El psicólogo Albert Bandura rompió con el conductismo cuando se dio cuenta de fenómenos del aprendizaje que esta escuela no podía explicar. En concreto, el modelado se trata de un aprendizaje donde los alumnos aprenden por imitación de las conductas observadas.

Los experimentos más famosos de Bandura fueron los realizados con el muñeco bobo. Un muñeco bobo es un juguete hinchable en forma de huevo con cierto peso en su base que hace que se tambalee cuando le pegamos.

En una película de una de sus estudiantes, se veía a ésta golpeando al muñeco, y gritándole "¡estúpidooooo!". Bandura les enseñó la película a un grupo de niños de guardería que saltaron de alegría al verla. Posteriormente se les dejó jugar. Y lo que sucedió es que un gran coro de niños se pusieron a pegar con descaro al muñeco bobo gritándole "¡estúpidooooo!”, incluso empleando martillos. Así que imitaron a la joven de la película de una manera bastante precisa.

Lo importante de este experimento es que mostraba cómo los niños pueden cambiar su comportamiento sin que hubiese inicialmente un refuerzo dirigido a condicionar dicho comportamiento, lo cual no encaja con las teorías de aprendizaje conductistas.



Bandura llamó al fenómeno aprendizaje por la observación o modelado, y su teoría usualmente se conoce como la teoría social del aprendizaje. Por sus aportaciones, también se le ha considerado a Bandura como padre del cognitivismo.

En definitiva: los niños hacen lo que ven en otros.



Al igual que en los anuncios de publicidad nos tratan de hacer que compremos cosas por imitación (y si es a personas que admiramos, mucho mejor).

Condicionamiento clásico (Pavlov)

El condicionamiento clásico o pavloviano se basa en la asociación entre un estímulo fisiológico o incondicionado (EI) con un estímulo arbitrario o condicionado (EC) a la hora de provocar una misma respuesta (R). Asociando varias veces el sonido de un metrónomo (EC) a la comida (EI) se puede lograr que el perro salive (R) tan sólo en presencia del sonido (EC).



Por ejemplo, en un anuncio publicitario se puede asociar la imagen de un producto con una música con alta carga emocional, de modo que la presencia de la marca acabe provocando las mismas emociones que la música.

Tema 1. La psicología como ciencia

Literalmente, psicología quiere decir “estudio del alma”, pero el concepto de “alma” no puede ser objeto de estudio científico: pertenece al terreno de los mitos, de la religión o de la metafísica.
Por el contrario, la Psicología se considera una ciencia, ya que usa los métodos propios de los saberes científicos, en lugar de la fe o de la especulación. Su campo de estudio es el comportamiento y los procesos mentales.

Sin embargo, al igual que el resto de las ciencias humanas, la Psicología cuenta con corrientes muy diversas, influidas por distintas concepciones sobre el ser humano, la sociedad y el conocimiento.

1.1 Prehistoria de la Psicología

Salvo excepciones como la de los atomistas, en la Antigüedad se pensaba que la mente (el “alma”) era de una naturaleza totalmente distinta al cuerpo. A esta concepción del ser humano se la llama dualismo antropológico, y ha pervivido hasta en científicos modernos como Descartes.

El dualismo conllevaba dos problemas de difícil solución: 1) ¿Cómo pueden comunicarse las dos sustancias, cuerpo y espíritu, siendo tan diferentes? 2) Si no tienen alma los animales, ¿por qué la ha de tener el hombre? ¿No puede el ser humano ser entendido también como una máquina aunque se crea libre?

La teoría de la evolución de Darwin (siglo XIX) supuso prácticamente el final de este dualismo metafísico, pues se comprobó que los animales expresan emociones y que hay una continuidad evolutiva entre éstos y el hombre.

1.2 El método científico

Hay dos tipos de ciencias: las formales, que sólo necesitan de la matemática y la lógica, y las empíricas, que precisan también de la comprobación experimental.

El método general de las ciencias empíricas es el método hipotético-deductivo, que consta de las siguientes fases: 1) observación; 2) planteamiento de hipótesis; 3) deducción de las consecuencias contrastables de la hipótesis; 4) comprobación experimental de tales consecuencias; 5) establecimiento de una ley (si se verifica la hipótesis) o rechazo de la hipótesis (si se falsa).

El criterio para distinguir lo que es ciencia de lo que no lo es reside en la capacidad que tienen las hipótesis para ser falsadas o verificadas.

Doctrinas como la parapsicología no son científicas ya que no se pueden contrastar; serían, pues, pseudociencias (“falsas ciencias”). El argumento de que la parapsicología es verdadera ya que explica fenómenos que no consigue explicar la ciencia es un sofisma llamado argumentum ad ignorantiam (falacia de la ignorancia).

1.3 Corrientes clásicas de la Psicología

1.3.1 Estructuralismo

Wundt estaba influido por una filosofía llamada empirismo. Según esta escuela, nuestra conciencia puede reducirse a sensaciones aisladas que después asocia nuestra mente (sensismo y asociacionismo).

Wundt investigaba, mediante el método de la introspección, los elementos que constituyen nuestras estructuras mentales. Para ello, construyó el que se considera primer laboratorio de psicología de la historia (Leipzig, 1879).

1.3.2 Funcionalismo

El darwinismo tuvo una importante repercusión en Estados Unidos. El funcionalismo, cuyo máximo exponente fue William James, estudia la mente como órgano cuya función es la adaptación al medio.

1.3.3 Psicología de la Gestalt

La Psicología de la Forma (Gestalt) criticó la concepción sensista del estructuralismo. Descubrió que la percepción está estructurada en totalidades o formas.

Sus máximos representantes fueron Wertheimer, Köffka y Köhler.

1.3.4 Psicoanálisis

Los filósofos Schopenhauer y Nietzsche pensaban que nuestra conciencia racional oculta un fondo irracional que expresa la verdad de nuestra naturaleza. De manera parecida, Sigmund Freud consideraba que la realidad última de nuestro psiquismo es el inconsciente. Nuestros instintos biológicos se constituyen en pulsiones que nuestra parte consciente reprime, lo que ocasiona muchos malestares psicológicos. El método psicoanalítico consiste en hacer aflorar nuestro inconsciente mediante la introspección, la asociación libre de ideas y la interpretación de los sueños.

El carácter científico del psicoanálisis ha sido muy discutido. Su método consistíría en la hermenéutica (arte de la interpretación), un método propio de las ciencias humanas, utilizado sobre todo para el análisis de textos.

1.3.5 Conductismo

A diferencia del Psicoanálisis, cuyos conceptos son difícilmente verificables o falsables, el conductismo trata de ser lo más fiel posible a la naturaleza experimental de la ciencia. Para ello, elimina cualquier consideración sobre lo que pueda pasar dentro de nuestra mente (introspección), y se limita a estudiar lo que se puede observar directamente en otros sujetos: la conducta.

El conductismo estudia las relaciones entre los estímulos físicos que recibe un organismo y sus respuestas en la conducta. Asociando distintos estímulos, se puede alterar las respuestas del organismo.

Condicionamiento clásico. Pavlov estudió cómo un estímulo condicionado (EC, el sonido de una campana), al asociársele a un estímulo incondicionado (EI, la comida), puede provocar una respuesta (R) por sí solo sin el estímulo incondicionado. El sujeto de experimentación empezará a salivar sólo con oír el sonido de una campana, del mismo modo que nosotros ya empezamos a salivar cuando ponemos la mesa antes de comer.

Condicionamiento operante. Por otro lado, Skinner, considerado como conductista radical, investigó cómo alterar las operaciones del sujeto mediante refuerzos. Los refuerzos positivos, que hacen sentir placer, aumentan la frecuencia de una conducta, mientras que los negativos disminuyen la frecuencia. También se controla la conducta mediante castigos (que la suprimen) y por omisión de refuerzo.

El conductismo radical fue superado por Bandura, quien constató la importancia en el aprendizaje del modelado (actuar siguiendo el ejemplo de otras personas) o de la promesa de refuerzos positivos en el futuro.

1.3.6 Psicología humanista

La psicología humanista surge en oposición al conductismo, pues piensa que el ser humano no puede ser reducido a una máquina que da respuestas a estímulos, y que, además, es muy distinto a los animales.

Según esta concepción, influida por la filosofía existencialista y el personalismo cristiano, el ser humano es libre y responsable de sus actos; orienta su conducta por valores y se realiza mediante relaciones interpersonales.


El psicólogo debe considerar al paciente como un todo integral. Maslow estableció una jerarquía de necesidades en el ser humano, que van desde el estrato más bajo (las necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia o afiliación y de valoración o reconocimiento) hasta las necesidades más elevadas (las necesidades de autorrealización).

1.3.7 Psicología soviética

La Psicología soviética partía de la filosofía de Marx y Engels: el materialismo dialéctico. Sus máximos exponentes fueron Vygotsky y Luria. Consideraban que la mente se reduce al cerebro, que constituiría la materia más organizada. La conciencia, para ellos, es un reflejo de las relaciones sociales y de nuestro modo de transformar la naturaleza.

El pensamiento, según Vygotsky, está ligado al lenguaje. El niño comienza a usar las palabras como herramientas para conseguir sus deseos egocéntricos, pero después acaba interiorizando las relaciones interpersonales para formar su conciencia.

1.3.8 Psicología cognitiva

La Psicología cognitiva derriba la barrera que se había autoimpuesto el conductismo: investigar cuáles son los procesos mentales que median entre estímulos y respuestas.

La Psicología cognitiva parte de la metáfora del ordenador. Una computadora hace complejas elaboraciones de información a partir de los inputs que se le introducen y da salida a esa información procesada mediante outputs. También, como el ordenador, tiene memorias a corto y largo plazo.

Dentro de esta orientación, Piaget ha realizado valiosas aportaciones para la psicología de la educación. Con su doctrina de la epistemología genética trata de explicar la evolución cognitiva de los individuos a lo largo de la vida.

Según este psicólogo suizo, las acciones que realiza el organismo se generalizan como esquemas, y estos esquemas se integran equilibradamente en estructuras cognitivas. Gracias a estas estructuras, que son construcciones que elabora el sujeto en su mente, se posibilita la adaptación del sujeto a su entorno. Los objetos que encuentra el niño en el medio son asimilados a sus estructuras cognitivas y, a la inversa, los nuevos objetos pueden hacer que se modifiquen o acomoden las estructuras mentales previas. Ambos procesos (asimilación y acomodación) están en tensión y forman un equilibrio fluctuante: nuevas objetos pueden hacer que entren en crisis las estructuras cognitivas que tiene un sujeto en una determinada etapa de su desarrollo.

El desarrollo cognitivo se debe a la reorganización de las estructuras cognitivas como consecuencia de procesos adaptativos al medio. Si la experiencia física o social entra en conflicto con los conocimientos previos, las estructuras cognitivas se reacomodan para incorporar la nueva experiencia, y esto es lo que se considera como aprendizaje. El contenido del aprendizaje se organiza en esquemas de conocimiento que presentan diferentes niveles de complejidad. Así que el aprendizaje en la escuela debería consistir en la provocación de conflictos cognitivos en el alumno, mediante recursos tales como preguntas desafiantes de su saber previo, situaciones desestabilizadoras o proyectos retadores.